viernes, 14 de diciembre de 2007

Sangre Derramada (2º parte de Coctel Negro)

Estabamos ya muy lejos del lugar de inicio, fuimos a parar al fin de la ciudad, en dónde había un bosque muy espeso.
El collar comenzó a latir como si fuese un corazón. Nada tenía explicación en esta noche, que no pudo ser nada mas que una simple noche como otras.
De repente, mi cuerpo comenzó a arder, como si tuviese fiebre.
Abruptamene ellos se lanzaron sobre mí. Estaba esquivando sus golpes, pero no con mi voluntad...mi cuerpo estaba moviendose solo, ya era ajeno a mi mente.
El sujeto sacó una navaja de su bolsillo, e intentó herirme, pero mis brazos tomaron la mano en la cual el sostenía su arma, y con gran velocidad su brazo completo fue despedido unos pocos metros cerca de la mujer.
Soltó un grito espantoso, lleno de dolor. Se arrojó al piso, y apretaba fuerte con su mano, lo que le quedaba de brazo. La mujer se abalanzó a mi llena de furia, pero logré esquivarla.
Los dedos me picaban, verifiqué de que se trataba, y para mi sorpresa: mis uñas crecieron, pasando a ser unas garras de aprox. tres centímetros.
Ella vío esto, y pareciera que más le indignaba. Sacó una navaja al igual que el otro sujeto, pero otra vez mi cuerpo sin voluntad, le dió un zarpazo antes de que ella pudiese hacer algo.
Su cabeza rodó por el piso.
Me acerqué caminado lentamente al hombre que la acompañaba. Como pudo, intentó huir de ahí.
Su abdomen y su cintura fueron separadas como cuchillo en mantequilla.
Estaba empapado en sangre... me asusté mucho, sobre todo, el como iba a explicar esto en caso de que fuera sorprendido.
Desde las sombras del bosque, apareció un lobo. No era raro ver un lobo en esta zona.
Me miró fijamente a los ojos, y creo que pude entender lo que me decía a travez de su mirada.
Arrojé el collar cerca de aquel animal, el lo cogió con su hocico y se hecho a correr, perdiendose entre la noche.
Comencé a sentirme mareado, y sin darme cuenta estaba inconciente en el piso.
Abrí los ojos y ya estaba en casa. Observé mis manos, mis uñas estaban normales y podía moverme a voluntad.
Miré el reloj de muro, ya habían pasado veinte horas del hecho.
No ha salido nada en televisión sobre la aparicion de dos personas halladas muertas en un bosque, a pesar de que ya van seis meses de haber ocurrido tal hecho que marco mi vida. Todo este episodio pude habermelo ahorrado, sino hubiese sido por que soy tan curioso. Lo "bueno", es que pude deducir que ese collar era apetecido por la pareja que intentó matarme, y no por que soy un hombre con mala suerte. ¿Será tal vez por su poder? Lo único que me queda realmente claro, es que aquel lobo, con aquella mirada me mostró todo lo que significaba ese collar, toda la fuerza salvaje contenida en él; pertenece al misterio de los lobos.

domingo, 18 de noviembre de 2007

Coctel negro



Recuerdo perfectamente aquella noche, acompañada de un manto lleno de mística y tinieblas. El pub estaba repleto, muchas personas compartiendo el sentido del júbilo, un basurero de penas memorables y un sin fin de historias asotadas por la lujuria, dieron comienzo a la vida nocturna; para algunos, la verdadera vida.
Estaba en la barra de tragos, agitando una coctelera al son de música ochentera. Con la mirada, ya sabía que me pedirían los clientes: una mirada triste siempre se acompaña con un whisky a las rocas, un toque elegante amerita un martini, un mojito para quien exige sabor candente; la rutina me ha transformado en una carta de cantina ambulante.
Sabía que algo nuevo me esperaba, un cliente misterioso al cual no entendía, cosa que me pareció curiosa. Su mirada era diferente e inquietante, y su apariencia era agotada a pesar de que demostraba unos 30 años.
Le pregunte que queria beber, pero me dijo que esperaba a alguien, por ahora quiero agua.
Paso aproximadamente una hora, cuando entró a escena una mujer muy guapa, elegante y demaciado joven para ese sujeto. Al instante el prejuicio estaba presente, algo muy raro sucedía entre ellos. La presencia de esa pareja era congelante, rodeada en un aureo misterio, a pesar de que ni siquiera sabía con certeza la razón de que vinieran aquí... aunque era obvio que estaban por unos tragos...
Terminaron de beber. La joven mensiono algo a su oído, luego se pusieron de pie, y se dirigieron por la salida posterior, la cual solo era para empleados.
Como no estaba trabajando en soledad, le pedí a mi compañero de labores que me cubriera para salir de algunos "asuntos" en que estaba metido, excusa que me sirvió para ir tras ellos. Emprendí mi seudo espionaje para comprender a dónde fué esta misteriosa pareja.
El estacionamiento trasero estaba repleto de automóviles, sabía que ellos podrian estar en alguno de ellos. En cuclillas avancé mirando auto por auto, para no ser sorprendido por mi cabeza.
De repente un susurro se sintio muy cerca, una voz temblorosa que se oía llena de horror.
Entre dos automoviles, casi ocultos a simple vista, pude ver como la pareja estaba en mi misma posición, tomando del cuello a un sujeto muy joven.
Le hablaban de forma agresiva, pero en bajos desciveles...
Le decian algo así como...entreganos el Simbolo del garou (¿garou?) o pagarás las consecuencias.
El respondio que como supieron que estaba ahí y ellos de inmediato mensionaron su método: habían persivido su olor desde kilómetros (¿como fue posible eso?). Rápidamente, puso su mano en el bolsillo y saco un collar, que tenía algo parecido a un hueso filoso, probablemente era un trozo de costilla. Lo apretó con su mano derecha y lo acercó a su otra mano, cuando sucedió algo terrible... la mujer con una velocidad increíble enterro su mano en el torso del joven.
Del impacto que me provocó esto, hice algo en verdad muy estúpido...pase a llevar una manilla de una puerta de un auto, ocacionando un alboroto con la alarma antirobos.
Ellos se percataron de mi presencia inculuyendo al joven que estaba ahi, el cual con algunos signos de vida, me arrojo el collar y gritó que corriera.
Como si fuese un aviso de bomba, sin pensarlo comensé a correr hacia alguna dirección que me alejara lo más pronto de ahí.
No estaba seguro de cuanto llevaba recorrido en mi loca carrera, cuando un viento escalofriante paso junto a mí.
¡La pareja estaba parada justo en frente de mí!
Ellos dijeron devuelve el collar o algo muy feo te pasará, esto no es un juego en el que tu te involucrarás.
Mi mano estaba sangrando, presioné tan fuerte el collar que el filo del "hueso" produjo una herida.
No tenía alternativas...hasta que algo sorprendente, fuera de los parámetros de la realidad ocurrió...desafiando toda teoría, toda razón.

CONTINUARÁ...

sábado, 27 de octubre de 2007

Reportaje de hoy: Inocencia en llamas.


SANTIAGO.- Ya había pasado la medianoche, todos en la ciudad podían dormir de forma placentera y tranquila, menos la familia Tapia. Como en esas horas, ocurría un fenómeno muy extraño en su casa, que amenazaba con la vida de todos los residentes. Nadie podía predecir las llamaradas que aparecían de forma tenue hasta convertirse en un peligro, sin siquiera existiendo un foco de incendio razonable.
La casa no era tan acomodada, pero era de concreto y podía resistir una inclemencia de esa proporción.
La mayoría de las veces comenzaba en el interior del ropero de la hija de los Tapia; Rocío quién prefirió cambiarse de habitación, junto a sus padres: Ricardo Tapia y Elena Manríquez.
Los bomberos no sabían que hacer, las llamas aparecían y hacían su labor, pero no entendían como se formaba, ni la razón de porqué sucedía esto.
Al llegar el día, decidieron llamar a dirigentes de iglesias de toda índole, para limpiar lo que consideraban algún mal de ojo o espíritus dañinos.
A pesar de esto, Rocío a sus cortos 6 años temía que esto siguiese pasando. Sus padres confiados decidieron descansar, pensando que no ocurriría nunca más.
Pasaron algunos meses y nuevamente como si se cayera una vela, volvía a incinerarse parte del ropero, el cual, había sido cambiado innumerable cantidad de veces y siempre iniciaba ahí a pesar de que no era el mismo de las otras veces; había sido recién comprado.
Un día todos en la ciudad supieron de este acontecimiento, que convocó a muchos investigadores, parapsicólogos, etc., a estudiar ese caso.
Las investigaciones no sirvieron de nada, salvo la resolución de uno de los parapsicólogos, que determinó de forma clara que el foco de incendio no era un ente paranormal, sino que era una energía negativa, proveniente de uno de los integrantes de ese hogar: la pequeña Rocío.
Los padres quedaron consternados, no podían creer lo que él les decía. Ignoraron esa “acusación” y le pidieron que se fuera y dejara de decir tonterías.
No paso mucho tiempo cuando la madre, se enteró de los abusos deshonestos que ejercía el padre de la niña, hacia la pequeña.
Como conclusión, se estimo que los incendios eran provocados por Rocío por un fenómeno llamado pyroquinésis. Después de un largo tiempo, el señor Tapia fue condenado a la cárcel, y la niña fue tratada por un psiquiatra.
No obstante, el pasado 4 de octubre, la niña logró de forma misteriosa entrar al recinto penitenciario y llegó hasta la celda de su padre.
Al día siguiente, la celda estaba hecha ceniza junto a los cuerpos sin vida de Rocío Tapia y su padre, carbonizados por algo, que los bomberos determinaron como, una explosión de un contenedor de gas, sabiendo que fue la pequeña la causante de todo.
Finalmente, este caso permanece estando vigente, en las mentes de todos los que conocieron a los Tapia, la cual solo se mantiene en presencia viva por la madre quien aún no ha podido superar lo vivido.
Hay cosas que no tienen una explicación lógica, que son denominadas paranormales, pero que conviven junto a nosotros y aún negamos su existencia.

viernes, 21 de septiembre de 2007

Neblina amarga ( parte II y final)


El éxtasis era inmenso, mucho más que un simple beso, más que una cita a la cama...es una conexión que solo estando ahí se puede comprender.
Alfredo comenzó a sentirse mareado, algo que no empezó a gustarle. De repente dio una sacudida y empujó a Karen a centímetros de la cama.
-¡¿Qué estas haciendo?!
La belleza que el rostro de la mujer revelaba era tan solo un antifaz. Alfredo se percató en ese instante de su cara bestial bajo ese sutil manto: ojos incandescentes como el fuego y unos colmillos comparables con palillos de tejer, empapados en sangre.
Una gota fría de sudor paso junto a los ojos de él, se toco rápidamente el cuello. Pudo palpar unos orificios, húmedos, con rastros de sangre.
Cómo imaginar que una cita se iba a transformar en algo tan horrendo como un encuentro con un vampiro.
-Vamos, me vas a negar que te agrado mucho aquel beso que te di.- una sonrisa cínica le ponía punto a esa oración.
-¿Beso? ¡¿Qué mierda eres?!¿Por qué me quieres matar?- temblaba como un gato mojado.
-¿Yo? Solo intento divertirme, pero de pronto me dio mucha hambre. Aún no estoy satisfecha. La sangre es más que un alimento, es parte de mi vida, incluso cuando me despierto, lo primero en lo que pienso es en beberla sin poder controlarme, más si es de un joven como tú-
Un impulso nervioso provocó que solo con ropa interior intentara huir de aquel cuarto. Lo primero, dio un salto hasta la puerta, pero ésta estaba forzada por fuera. No había tiempo, lo único que pudo hacer fue saltar por la ventana que estaba en el segundo piso.
No midió consecuencias; como juego del destino logró caer sobre unos arbustos muy frondosos.
Algo macabro fue revelado, una pila grande de huesos bajo aquel joven le mostró las intenciones de la bella mujer. Dilucidó que no había sido la única victima del “proceso digestivo” de la ahora monstruo.
La razón de porque no esta junto a esos cadáveres, es simplemente por la prontitud en la que se dio cuenta.
Comenzó a correr como loco, mientras Karen dio un salto gigantesco, logrando caer solo a metros de él.
La neblina bajo de forma abrupta, abrazándolo de forma envolvente y muy veloz. La casa antigua se perdió a lo lejos al igual que Karen, aún así el miedo incrementaba por cada paso que Alfredo daba sobre la fría calle.
Nunca vio hacia donde iba; la niebla era un mar níveo, fría e implacable.
La carrera finalizó y Alfredo ya había andado unas 3 horas, cuando una silueta con dos puntos brillantes se ve en el horizonte blanco.
A pesar de que no tenía dinero, detuvo lo que se podía entender como un taxi, y se subió rápidamente.
-¿A donde vas a esta hora?...¡Y semidesnudo!- Le dice el conductor, un hombre robusto y barbón.
-No me pregunte mejor, ¡no me creería!- responde Alfredo ya pudiendo al fin respirar.
El vehículo comenzó a moverse sin un rumbo solicitado.
-¿Qué te pasó que estas como pasmado?
- Es que...es...me han asaltado- pensando que el chofer iba a compadecerse de él, y no cobrar el pasaje.
- ¡Está peligrosa la cosa por este sector, oye!
- ¿A si?¿Qué ha pasado?
-¡Puuuf! Desde que pusieron esa disco aquí, en el sector que han sucedido cosas muy extrañas. Hartos jóvenes se han perdido y no se han vuelto a ver jamás.-
Alfredo intentaba decir lo que sabía, pero sabía que nadie le iba a creer. Incluso podría ser considerado un sospechoso de aquellas desapariciones.
-Oye, ¿tu eres así o estas como pálido?
Se tocó la piel y estaba tan fría como una piedra. Las heridas en el cuello habían desaparecido. Comenzó a sentir un aroma especial y delicioso, acompañado de un sonido, rítmico, sutil.
Un sentimiento despiadado surgía, ansias de cometer algo atroz para sentirse satisfecho de verdad.
Acercó su oído un poco más hacia el conductor, y el sonido se hacia más fuerte, más tentador.
Perdió las fuerzas y se abalanzó sobre el chofer. Pudo ver por el espejo retrovisor que sus dientes eran como los de Karen, y su mirada también.
El hombre intento luchar, pero Alfredo adquirió fuerzas sobre humanas y venció.
El vehículo se detuvo de forma violenta, con las ultimas energías del hombre moribundo.
Alfredo bajo del auto y bajo el cuerpo, enterrándolo en un profundo pozo.
La niebla se hizo espesa muy espesa.
Se sentó en una vereda y observó sus manos, incapaz de entender su accionar que solo es visto en animales.
De repente, siente que alguien le toca el hombro, era Karen, vestida igual que como la conoció en el antro.
-¿Comprendes por qué no dejo vivo a ninguna presa?
-Si, de una forma muy impensada... ¿Cómo haces para alimentarte sin exterminar de forma veloz a toda una ciudad?
-Es sencillo, me alimento cada vez que puedo junto a la neblina nocturna, y no tan solo aquí, en cualquier lado en donde el clima me deje saciar mi hambre.
Es por ello que nadie sabe donde vivo, pues la casa desaparece cuando la neblina se va, y en la noche nadie puede verla por que la neblina lo impide, ¿comprendes mi juego?
-¿Entonces tendré que acompañarte por siempre?
-Por siempre, la sangre nos ha unido....

Con el pasar de los años, se dieron a conocer los hechos, y todos supieron de esa noticia, pero la consideraron una cosa absurda y estúpida. Como si fuese una leyenda; “La neblina amarga” le llaman. Es por eso que Alfredo y Karen viven, robando vidas bajo un manto blanco, y eterno...

FIN

jueves, 20 de septiembre de 2007

Neblina amarga (parte I )


Todos los sabados, Alfredo salía a disfrutar de la vida social nocturna que era auspiciada por sus amigos y amigas. Desde los 14 años que repite sagradamente esas salidas a bares y antros, con la excusa de liberarse de la semana de trabajo excesivo en la universidad.

Estaban todos reunidos frente a la barra de licores, el barman les sirvió sus tragos, y comenzaron las conversaciones sobre la vida, y todo lo que los amigos plantean cuando hay licor entre sus dedos, y un cigarrillo para bajar la impaciencia.

La noche avanzó, y el alcohol mostraba su verdadera cara, esa que todos esperan que llegue para sentir ese extasis que solo se percibe cuando el mundo pierde la quietud.

Sin emociones claras, decidieron ir a una disco a bailar. Alfredo se consideraba él mismo y sus propios amigos, experto para mover los pies.

Ya en el interior de aquel tumulto de gente al son de un ritmo pegajoso, decidieron separarse para buscar nuevas experiencias y conocer otras personas.

Alfredo se acercó a una mesa luminosa en donde se encontraba una joven de contextura muy esvelta, y un rostro pálido muy bello; morena, ojos color miel y casi su misma altura.

Una conexion visual y hormonal entrega ese pequeño impulso, que él aprovecha para dar comienzo a un contacto social.

-¿Te gustaría bailar?

Sin pensarlo, ella cede a la petición, como si lo estuviese esperando.

A pesar de la música exesivamente ruidosa, lograron entablecer comunicación.

-Soy un mal educado, me llamo Alfredo, ¿y tú?.

-Karen.

-¿Qué hace una chica tan linda como tú aquí tan sola?- intentó tomar confianza.

-¡Bailar! ¡Me fascina mucho bailar!, además que no soy de tener amigos.

-¡En serio!¡Pero no creo que haya algún motivo para ello!¡Tienes todo para rodearte de gente!

Karen no continuó hablando, solo miró a Alfredo y le entregó una sonrisa que estalló en la mente de él.

Movimientos muy rítmicos, que se volvieron mas pausados motivaron en Alfredo a aferrarse mas a ella, y respondía como cuerpos recíprocos. Tanto a si que de forma pausada se dieron un beso que para ambos fue eterno.

Mirandose el uno al otro, Karen tomó su mano y lo llevo fuera del lugar.

Una neblina espesa bajó como una cascada y los cubrío de blancura. No hacía frío allí pero le adornó misterio al encuentro.

La niebla permitió ver una casa muy grande y algo antigua. Lo invitó a pasar y éste aceptó, y de forma veloz entraron. Le explicó que esa era su casa y que fue heredada de sus abuelos.

Subieron las escaleras y entraron a una habitación casi vacía, en la cual estaba solo una cama grande con sabanas blancas y un candelabro en el techo repleto de velas encendidas.

Lo arrojó sobre la cama y ella se posó sobre él, conectados solo por sus labios.

El ambiente se puso candente; Alfredo no podía controlar sus instintos, no pensaba llegar a una cama luego de tan poca relación verbal.

Se desnudaron el uno al otro, y se cubrieron bajo las sabanas a terminar con lo que las hormonas planearon.

Finalizó el acto, ella lo abrazo colocando su cabeza en el pecho de él.

Alfredo no tenía palabras, solo la cariciaba y pensaba si tendrá este acto irracional alguna consecuencia más tarde.

Karen comienza un juego de besos entorno al rostro de Alfredo, llegando hasta su cuello.

Todo tenía sabor a fresa, hasta que en ese jugueteo, Karen abre sus labios y se queda de forma prolongada en el cuello de él.

El joven solo sintió un placer mas allá de lo inexplicable, incluso mucho más que lo realizado hace poco. Entendió que su sensación traspasaba los umbrales de lo terrenal, pues aquella neblina que estaba afuera, era producto de lo mas eterno de la oscuridad...

CONTINUARÁ...






martes, 18 de septiembre de 2007

Un parque bajo la luna


Una brisa fría inundaba el parque aquella noche, susurrando temor al oído de Elisa, quien volvía del trabajo luego de haber estado horas allí; estaba cansada de todo el abuso de su jefe, la carga excesiva de "pega" y la falta de insentivos económicos no ayudaban a levantar el ánimo ni pensar en la posibilidad de que la situación cambie.

Era imposible pensar en otra cosa, menos en un ambiente tan solitario y tenebroso.
Elisa no le habian advertido sobre lo interminable que se torna el parque durante la noche, como si fuese un laberinto fuera de esta dimensión sacado de una película de terror. Ella miraba la luna mientras caminaba, pues ya en el centro del parque, los faroles ya no entregaban luz.
De repente, una silueta se comienza a dibujar sobre una banca del lugar. Era un hombre de buena apariencia, vestido con ropa formal, muy joven, como de unos 25 años. A Elisa le extrañó mucho su presencia, y como era muy curiosa le preguntó que hacía a esa hora sentado solo ahí. Él dirigió su mirada hacia ella; sus ojos mostraban nostalgia y un vacío en el corazón, como si se lo hubiesen arrancado. Una fría gota de nitrógeno se posa en el alma de la joven, un impulso magnético unio su cuerpo a la banca, y en un segundo ya estaba sentado junto a él.
Le inspiró tanta confianza que lo invito a un café, para charlar sobre la vida, le preocupaba que estubiese tan solo en el parque. Ninguna palabra salía de su boca, no respondía a la voz de Elisa.
Ella sacó una galleta de su bolso, que le sobró de la hora de colación y la puso sobre la mano izquierda de él, el cual la tomó y la puso entre sus dientes.
El hombre la miró y por fin emitió una palabra: "gracias".
-¿Quieres hablar de algo?¿Cómo te llamas?-preguntó ella.
-No tengo fuerzas para decirte algo interesante, me llamo Juan, pero eso ya no tiene importancia.
-Me llamo Elisa, mucho gusto...¿Porqué estas tan triste y solo? No pareces tan mal, podrias ganarte el corazón de cualquier chica en la ciudad. Vas a un antro y ya está.- cómo si lo conociera de toda la vida.
-No quiero conocer chicas, perdí el encanto y el interés.
La mirada de Elisa se fijó en los ojos del joven, no comprendía esa postura.
-¡Vamos, arriba el ánimo si tienes el cuero para ganarte hasta una cita a la cama!- le dió un ataque de risa.
-No comprendo tu interés por mí, no tengo nada que otorgar.
-Te equivocas, sino, no estaría sentada aquí contigo, algo me movio a estar aquí en este parque. Quizás hubiera tomado un taxi a casa, pero algo me indujo a caminar por este sendero y encontrarme ahora junto a ti.
Él comenzó a llorar de forma amarga.
-¿Qué te sucede?
-Es que has marcado tu destino junto al mío.
-¿A qué te refieres?- No entendía nada.
-Aceptaste el embrujo de mi amor incontrolable, ahora no podras salir nunca más de este oscuro y tenebroso parque, me acompañaras hasta que el destino nos extinga.
El joven que estaba esa noche ahí, habia dejado la faz de la tierra hace mucho, y nunca encontró un amor que perdurara en el tiempo, pues todas sus novias morían de una formna trágica antes de llegar a la cita en el parque.
Pasó mucho tiempo, en donde dicen algunas lenguas, que bajo la luz de plata, se puede ver a una pareja sentada en una banca del parque, envuelta en un suave viento que invita a repetir la historia.

Hay lugares que están plasmados de una energía especial. ¿Quién sabe donde la noche ha dejado su huella de misterio?