
El éxtasis era inmenso, mucho más que un simple beso, más que una cita a la cama...es una conexión que solo estando ahí se puede comprender.
Alfredo comenzó a sentirse mareado, algo que no empezó a gustarle. De repente dio una sacudida y empujó a Karen a centímetros de la cama.
-¡¿Qué estas haciendo?!
La belleza que el rostro de la mujer revelaba era tan solo un antifaz. Alfredo se percató en ese instante de su cara bestial bajo ese sutil manto: ojos incandescentes como el fuego y unos colmillos comparables con palillos de tejer, empapados en sangre.
Una gota fría de sudor paso junto a los ojos de él, se toco rápidamente el cuello. Pudo palpar unos orificios, húmedos, con rastros de sangre.
Cómo imaginar que una cita se iba a transformar en algo tan horrendo como un encuentro con un vampiro.
-Vamos, me vas a negar que te agrado mucho aquel beso que te di.- una sonrisa cínica le ponía punto a esa oración.
-¿Beso? ¡¿Qué mierda eres?!¿Por qué me quieres matar?- temblaba como un gato mojado.
-¿Yo? Solo intento divertirme, pero de pronto me dio mucha hambre. Aún no estoy satisfecha. La sangre es más que un alimento, es parte de mi vida, incluso cuando me despierto, lo primero en lo que pienso es en beberla sin poder controlarme, más si es de un joven como tú-
Un impulso nervioso provocó que solo con ropa interior intentara huir de aquel cuarto. Lo primero, dio un salto hasta la puerta, pero ésta estaba forzada por fuera. No había tiempo, lo único que pudo hacer fue saltar por la ventana que estaba en el segundo piso.
No midió consecuencias; como juego del destino logró caer sobre unos arbustos muy frondosos.
Algo macabro fue revelado, una pila grande de huesos bajo aquel joven le mostró las intenciones de la bella mujer. Dilucidó que no había sido la única victima del “proceso digestivo” de la ahora monstruo.
La razón de porque no esta junto a esos cadáveres, es simplemente por la prontitud en la que se dio cuenta.
Comenzó a correr como loco, mientras Karen dio un salto gigantesco, logrando caer solo a metros de él.
La neblina bajo de forma abrupta, abrazándolo de forma envolvente y muy veloz. La casa antigua se perdió a lo lejos al igual que Karen, aún así el miedo incrementaba por cada paso que Alfredo daba sobre la fría calle.
Nunca vio hacia donde iba; la niebla era un mar níveo, fría e implacable.
La carrera finalizó y Alfredo ya había andado unas 3 horas, cuando una silueta con dos puntos brillantes se ve en el horizonte blanco.
A pesar de que no tenía dinero, detuvo lo que se podía entender como un taxi, y se subió rápidamente.
-¿A donde vas a esta hora?...¡Y semidesnudo!- Le dice el conductor, un hombre robusto y barbón.
-No me pregunte mejor, ¡no me creería!- responde Alfredo ya pudiendo al fin respirar.
El vehículo comenzó a moverse sin un rumbo solicitado.
-¿Qué te pasó que estas como pasmado?
- Es que...es...me han asaltado- pensando que el chofer iba a compadecerse de él, y no cobrar el pasaje.
- ¡Está peligrosa la cosa por este sector, oye!
- ¿A si?¿Qué ha pasado?
-¡Puuuf! Desde que pusieron esa disco aquí, en el sector que han sucedido cosas muy extrañas. Hartos jóvenes se han perdido y no se han vuelto a ver jamás.-
Alfredo intentaba decir lo que sabía, pero sabía que nadie le iba a creer. Incluso podría ser considerado un sospechoso de aquellas desapariciones.
-Oye, ¿tu eres así o estas como pálido?
Se tocó la piel y estaba tan fría como una piedra. Las heridas en el cuello habían desaparecido. Comenzó a sentir un aroma especial y delicioso, acompañado de un sonido, rítmico, sutil.
Un sentimiento despiadado surgía, ansias de cometer algo atroz para sentirse satisfecho de verdad.
Acercó su oído un poco más hacia el conductor, y el sonido se hacia más fuerte, más tentador.
Perdió las fuerzas y se abalanzó sobre el chofer. Pudo ver por el espejo retrovisor que sus dientes eran como los de Karen, y su mirada también.
El hombre intento luchar, pero Alfredo adquirió fuerzas sobre humanas y venció.
El vehículo se detuvo de forma violenta, con las ultimas energías del hombre moribundo.
Alfredo bajo del auto y bajo el cuerpo, enterrándolo en un profundo pozo.
La niebla se hizo espesa muy espesa.
Se sentó en una vereda y observó sus manos, incapaz de entender su accionar que solo es visto en animales.
De repente, siente que alguien le toca el hombro, era Karen, vestida igual que como la conoció en el antro.
-¿Comprendes por qué no dejo vivo a ninguna presa?
-Si, de una forma muy impensada... ¿Cómo haces para alimentarte sin exterminar de forma veloz a toda una ciudad?
-Es sencillo, me alimento cada vez que puedo junto a la neblina nocturna, y no tan solo aquí, en cualquier lado en donde el clima me deje saciar mi hambre.
Es por ello que nadie sabe donde vivo, pues la casa desaparece cuando la neblina se va, y en la noche nadie puede verla por que la neblina lo impide, ¿comprendes mi juego?
-¿Entonces tendré que acompañarte por siempre?
-Por siempre, la sangre nos ha unido....
Con el pasar de los años, se dieron a conocer los hechos, y todos supieron de esa noticia, pero la consideraron una cosa absurda y estúpida. Como si fuese una leyenda; “La neblina amarga” le llaman. Es por eso que Alfredo y Karen viven, robando vidas bajo un manto blanco, y eterno...
FIN
Alfredo comenzó a sentirse mareado, algo que no empezó a gustarle. De repente dio una sacudida y empujó a Karen a centímetros de la cama.
-¡¿Qué estas haciendo?!
La belleza que el rostro de la mujer revelaba era tan solo un antifaz. Alfredo se percató en ese instante de su cara bestial bajo ese sutil manto: ojos incandescentes como el fuego y unos colmillos comparables con palillos de tejer, empapados en sangre.
Una gota fría de sudor paso junto a los ojos de él, se toco rápidamente el cuello. Pudo palpar unos orificios, húmedos, con rastros de sangre.
Cómo imaginar que una cita se iba a transformar en algo tan horrendo como un encuentro con un vampiro.
-Vamos, me vas a negar que te agrado mucho aquel beso que te di.- una sonrisa cínica le ponía punto a esa oración.
-¿Beso? ¡¿Qué mierda eres?!¿Por qué me quieres matar?- temblaba como un gato mojado.
-¿Yo? Solo intento divertirme, pero de pronto me dio mucha hambre. Aún no estoy satisfecha. La sangre es más que un alimento, es parte de mi vida, incluso cuando me despierto, lo primero en lo que pienso es en beberla sin poder controlarme, más si es de un joven como tú-
Un impulso nervioso provocó que solo con ropa interior intentara huir de aquel cuarto. Lo primero, dio un salto hasta la puerta, pero ésta estaba forzada por fuera. No había tiempo, lo único que pudo hacer fue saltar por la ventana que estaba en el segundo piso.
No midió consecuencias; como juego del destino logró caer sobre unos arbustos muy frondosos.
Algo macabro fue revelado, una pila grande de huesos bajo aquel joven le mostró las intenciones de la bella mujer. Dilucidó que no había sido la única victima del “proceso digestivo” de la ahora monstruo.
La razón de porque no esta junto a esos cadáveres, es simplemente por la prontitud en la que se dio cuenta.
Comenzó a correr como loco, mientras Karen dio un salto gigantesco, logrando caer solo a metros de él.
La neblina bajo de forma abrupta, abrazándolo de forma envolvente y muy veloz. La casa antigua se perdió a lo lejos al igual que Karen, aún así el miedo incrementaba por cada paso que Alfredo daba sobre la fría calle.
Nunca vio hacia donde iba; la niebla era un mar níveo, fría e implacable.
La carrera finalizó y Alfredo ya había andado unas 3 horas, cuando una silueta con dos puntos brillantes se ve en el horizonte blanco.
A pesar de que no tenía dinero, detuvo lo que se podía entender como un taxi, y se subió rápidamente.
-¿A donde vas a esta hora?...¡Y semidesnudo!- Le dice el conductor, un hombre robusto y barbón.
-No me pregunte mejor, ¡no me creería!- responde Alfredo ya pudiendo al fin respirar.
El vehículo comenzó a moverse sin un rumbo solicitado.
-¿Qué te pasó que estas como pasmado?
- Es que...es...me han asaltado- pensando que el chofer iba a compadecerse de él, y no cobrar el pasaje.
- ¡Está peligrosa la cosa por este sector, oye!
- ¿A si?¿Qué ha pasado?
-¡Puuuf! Desde que pusieron esa disco aquí, en el sector que han sucedido cosas muy extrañas. Hartos jóvenes se han perdido y no se han vuelto a ver jamás.-
Alfredo intentaba decir lo que sabía, pero sabía que nadie le iba a creer. Incluso podría ser considerado un sospechoso de aquellas desapariciones.
-Oye, ¿tu eres así o estas como pálido?
Se tocó la piel y estaba tan fría como una piedra. Las heridas en el cuello habían desaparecido. Comenzó a sentir un aroma especial y delicioso, acompañado de un sonido, rítmico, sutil.
Un sentimiento despiadado surgía, ansias de cometer algo atroz para sentirse satisfecho de verdad.
Acercó su oído un poco más hacia el conductor, y el sonido se hacia más fuerte, más tentador.
Perdió las fuerzas y se abalanzó sobre el chofer. Pudo ver por el espejo retrovisor que sus dientes eran como los de Karen, y su mirada también.
El hombre intento luchar, pero Alfredo adquirió fuerzas sobre humanas y venció.
El vehículo se detuvo de forma violenta, con las ultimas energías del hombre moribundo.
Alfredo bajo del auto y bajo el cuerpo, enterrándolo en un profundo pozo.
La niebla se hizo espesa muy espesa.
Se sentó en una vereda y observó sus manos, incapaz de entender su accionar que solo es visto en animales.
De repente, siente que alguien le toca el hombro, era Karen, vestida igual que como la conoció en el antro.
-¿Comprendes por qué no dejo vivo a ninguna presa?
-Si, de una forma muy impensada... ¿Cómo haces para alimentarte sin exterminar de forma veloz a toda una ciudad?
-Es sencillo, me alimento cada vez que puedo junto a la neblina nocturna, y no tan solo aquí, en cualquier lado en donde el clima me deje saciar mi hambre.
Es por ello que nadie sabe donde vivo, pues la casa desaparece cuando la neblina se va, y en la noche nadie puede verla por que la neblina lo impide, ¿comprendes mi juego?
-¿Entonces tendré que acompañarte por siempre?
-Por siempre, la sangre nos ha unido....
Con el pasar de los años, se dieron a conocer los hechos, y todos supieron de esa noticia, pero la consideraron una cosa absurda y estúpida. Como si fuese una leyenda; “La neblina amarga” le llaman. Es por eso que Alfredo y Karen viven, robando vidas bajo un manto blanco, y eterno...
FIN





2 comentarios:
pucha.. era como obvio que la loca era vampira... habria sido ma bkn si se convertia en marciano :P
jajaja ta buena joven =)
De verdad, deberías escribir una novela entera de vampiros y cosas así.
:) Saludos
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