jueves 20 de septiembre de 2007

Neblina amarga (parte I )


Todos los sabados, Alfredo salía a disfrutar de la vida social nocturna que era auspiciada por sus amigos y amigas. Desde los 14 años que repite sagradamente esas salidas a bares y antros, con la excusa de liberarse de la semana de trabajo excesivo en la universidad.

Estaban todos reunidos frente a la barra de licores, el barman les sirvió sus tragos, y comenzaron las conversaciones sobre la vida, y todo lo que los amigos plantean cuando hay licor entre sus dedos, y un cigarrillo para bajar la impaciencia.

La noche avanzó, y el alcohol mostraba su verdadera cara, esa que todos esperan que llegue para sentir ese extasis que solo se percibe cuando el mundo pierde la quietud.

Sin emociones claras, decidieron ir a una disco a bailar. Alfredo se consideraba él mismo y sus propios amigos, experto para mover los pies.

Ya en el interior de aquel tumulto de gente al son de un ritmo pegajoso, decidieron separarse para buscar nuevas experiencias y conocer otras personas.

Alfredo se acercó a una mesa luminosa en donde se encontraba una joven de contextura muy esvelta, y un rostro pálido muy bello; morena, ojos color miel y casi su misma altura.

Una conexion visual y hormonal entrega ese pequeño impulso, que él aprovecha para dar comienzo a un contacto social.

-¿Te gustaría bailar?

Sin pensarlo, ella cede a la petición, como si lo estuviese esperando.

A pesar de la música exesivamente ruidosa, lograron entablecer comunicación.

-Soy un mal educado, me llamo Alfredo, ¿y tú?.

-Karen.

-¿Qué hace una chica tan linda como tú aquí tan sola?- intentó tomar confianza.

-¡Bailar! ¡Me fascina mucho bailar!, además que no soy de tener amigos.

-¡En serio!¡Pero no creo que haya algún motivo para ello!¡Tienes todo para rodearte de gente!

Karen no continuó hablando, solo miró a Alfredo y le entregó una sonrisa que estalló en la mente de él.

Movimientos muy rítmicos, que se volvieron mas pausados motivaron en Alfredo a aferrarse mas a ella, y respondía como cuerpos recíprocos. Tanto a si que de forma pausada se dieron un beso que para ambos fue eterno.

Mirandose el uno al otro, Karen tomó su mano y lo llevo fuera del lugar.

Una neblina espesa bajó como una cascada y los cubrío de blancura. No hacía frío allí pero le adornó misterio al encuentro.

La niebla permitió ver una casa muy grande y algo antigua. Lo invitó a pasar y éste aceptó, y de forma veloz entraron. Le explicó que esa era su casa y que fue heredada de sus abuelos.

Subieron las escaleras y entraron a una habitación casi vacía, en la cual estaba solo una cama grande con sabanas blancas y un candelabro en el techo repleto de velas encendidas.

Lo arrojó sobre la cama y ella se posó sobre él, conectados solo por sus labios.

El ambiente se puso candente; Alfredo no podía controlar sus instintos, no pensaba llegar a una cama luego de tan poca relación verbal.

Se desnudaron el uno al otro, y se cubrieron bajo las sabanas a terminar con lo que las hormonas planearon.

Finalizó el acto, ella lo abrazo colocando su cabeza en el pecho de él.

Alfredo no tenía palabras, solo la cariciaba y pensaba si tendrá este acto irracional alguna consecuencia más tarde.

Karen comienza un juego de besos entorno al rostro de Alfredo, llegando hasta su cuello.

Todo tenía sabor a fresa, hasta que en ese jugueteo, Karen abre sus labios y se queda de forma prolongada en el cuello de él.

El joven solo sintió un placer mas allá de lo inexplicable, incluso mucho más que lo realizado hace poco. Entendió que su sensación traspasaba los umbrales de lo terrenal, pues aquella neblina que estaba afuera, era producto de lo mas eterno de la oscuridad...

CONTINUARÁ...






1 comentarios:

psipol dijo...

cof cof u_u..
yiaaaaaaaa! :P jajaja esta bueno pero el final me dio risa :P