
SANTIAGO.- Ya había pasado la medianoche, todos en la ciudad podían dormir de forma placentera y tranquila, menos la familia Tapia. Como en esas horas, ocurría un fenómeno muy extraño en su casa, que amenazaba con la vida de todos los residentes. Nadie podía predecir las llamaradas que aparecían de forma tenue hasta convertirse en un peligro, sin siquiera existiendo un foco de incendio razonable.
La casa no era tan acomodada, pero era de concreto y podía resistir una inclemencia de esa proporción.
La mayoría de las veces comenzaba en el interior del ropero de la hija de los Tapia; Rocío quién prefirió cambiarse de habitación, junto a sus padres: Ricardo Tapia y Elena Manríquez.
Los bomberos no sabían que hacer, las llamas aparecían y hacían su labor, pero no entendían como se formaba, ni la razón de porqué sucedía esto.
Al llegar el día, decidieron llamar a dirigentes de iglesias de toda índole, para limpiar lo que consideraban algún mal de ojo o espíritus dañinos.
A pesar de esto, Rocío a sus cortos 6 años temía que esto siguiese pasando. Sus padres confiados decidieron descansar, pensando que no ocurriría nunca más.
Pasaron algunos meses y nuevamente como si se cayera una vela, volvía a incinerarse parte del ropero, el cual, había sido cambiado innumerable cantidad de veces y siempre iniciaba ahí a pesar de que no era el mismo de las otras veces; había sido recién comprado.
Un día todos en la ciudad supieron de este acontecimiento, que convocó a muchos investigadores, parapsicólogos, etc., a estudiar ese caso.
Las investigaciones no sirvieron de nada, salvo la resolución de uno de los parapsicólogos, que determinó de forma clara que el foco de incendio no era un ente paranormal, sino que era una energía negativa, proveniente de uno de los integrantes de ese hogar: la pequeña Rocío.
Los padres quedaron consternados, no podían creer lo que él les decía. Ignoraron esa “acusación” y le pidieron que se fuera y dejara de decir tonterías.
No paso mucho tiempo cuando la madre, se enteró de los abusos deshonestos que ejercía el padre de la niña, hacia la pequeña.
Como conclusión, se estimo que los incendios eran provocados por Rocío por un fenómeno llamado pyroquinésis. Después de un largo tiempo, el señor Tapia fue condenado a la cárcel, y la niña fue tratada por un psiquiatra.
No obstante, el pasado 4 de octubre, la niña logró de forma misteriosa entrar al recinto penitenciario y llegó hasta la celda de su padre.
Al día siguiente, la celda estaba hecha ceniza junto a los cuerpos sin vida de Rocío Tapia y su padre, carbonizados por algo, que los bomberos determinaron como, una explosión de un contenedor de gas, sabiendo que fue la pequeña la causante de todo.
Finalmente, este caso permanece estando vigente, en las mentes de todos los que conocieron a los Tapia, la cual solo se mantiene en presencia viva por la madre quien aún no ha podido superar lo vivido.
Hay cosas que no tienen una explicación lógica, que son denominadas paranormales, pero que conviven junto a nosotros y aún negamos su existencia.
La casa no era tan acomodada, pero era de concreto y podía resistir una inclemencia de esa proporción.
La mayoría de las veces comenzaba en el interior del ropero de la hija de los Tapia; Rocío quién prefirió cambiarse de habitación, junto a sus padres: Ricardo Tapia y Elena Manríquez.
Los bomberos no sabían que hacer, las llamas aparecían y hacían su labor, pero no entendían como se formaba, ni la razón de porqué sucedía esto.
Al llegar el día, decidieron llamar a dirigentes de iglesias de toda índole, para limpiar lo que consideraban algún mal de ojo o espíritus dañinos.
A pesar de esto, Rocío a sus cortos 6 años temía que esto siguiese pasando. Sus padres confiados decidieron descansar, pensando que no ocurriría nunca más.
Pasaron algunos meses y nuevamente como si se cayera una vela, volvía a incinerarse parte del ropero, el cual, había sido cambiado innumerable cantidad de veces y siempre iniciaba ahí a pesar de que no era el mismo de las otras veces; había sido recién comprado.
Un día todos en la ciudad supieron de este acontecimiento, que convocó a muchos investigadores, parapsicólogos, etc., a estudiar ese caso.
Las investigaciones no sirvieron de nada, salvo la resolución de uno de los parapsicólogos, que determinó de forma clara que el foco de incendio no era un ente paranormal, sino que era una energía negativa, proveniente de uno de los integrantes de ese hogar: la pequeña Rocío.
Los padres quedaron consternados, no podían creer lo que él les decía. Ignoraron esa “acusación” y le pidieron que se fuera y dejara de decir tonterías.
No paso mucho tiempo cuando la madre, se enteró de los abusos deshonestos que ejercía el padre de la niña, hacia la pequeña.
Como conclusión, se estimo que los incendios eran provocados por Rocío por un fenómeno llamado pyroquinésis. Después de un largo tiempo, el señor Tapia fue condenado a la cárcel, y la niña fue tratada por un psiquiatra.
No obstante, el pasado 4 de octubre, la niña logró de forma misteriosa entrar al recinto penitenciario y llegó hasta la celda de su padre.
Al día siguiente, la celda estaba hecha ceniza junto a los cuerpos sin vida de Rocío Tapia y su padre, carbonizados por algo, que los bomberos determinaron como, una explosión de un contenedor de gas, sabiendo que fue la pequeña la causante de todo.
Finalmente, este caso permanece estando vigente, en las mentes de todos los que conocieron a los Tapia, la cual solo se mantiene en presencia viva por la madre quien aún no ha podido superar lo vivido.
Hay cosas que no tienen una explicación lógica, que son denominadas paranormales, pero que conviven junto a nosotros y aún negamos su existencia.





2 comentarios:
Hola.
Soy mariela. Me ha encantado este relato. :) ¿has pensado escribir un libro?
Yo quiero escribir uno en un futuro, espero que no muy lejano xDD.
saludos!!
wuuuaauuuuuuuu......
siempre me han gustado este tipo de relatos... la verdad que seria muy bueno si escribes un libro o algo al respecto....
te felicito por tu espacio
saludos
juwa
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